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BIOGRAFÍA

<<Me mataron>>, fue lo único que pensó. Recuerda la expresión de terror de sus compañeros segundos antes de que estallara la granada a tan solo diez centímetros de su pierna. Afirma que en el momento no sintió nada. “Esos son gajes del oficio” declara, mientras recuenta todas las dificultades por las que ha pasado: tortura, hambre, su pierna izquierda, la cárcel, la lengua seccionada, el miedo… Pero ¿habrá valido la pena todo esto? ¡Por supuesto!, tiene clarísimo que los colombianos son gente berraca, echada pa´ adelante, de esos de sacudirse y seguir caminando. Sabe que si se quiere ser parte de la historia, si se quieren cambios, se deben tomar riesgos, o si no todo sigue igual. Por eso entró al M-19, por eso comenzó su vida política, pues supo desde muy joven que a Colombia vale la pena pelearla, o como dijo Simón Bolívar: “Para el logro del triunfo siempre ha sido indispensable pasar por la senda de los sacrificios”.

Antonio Navarro Wolff nació en pasto el 9 de julio de 1948. Cuando era joven su familia entera se fue para Cali, donde se volvió amante de la música y de bailar salsa. Fue excelente estudiante y un tanto revoltoso, eso sí, pero sus excelentes calificaciones siempre lo respaldaron. Ya en la universidad no fue distinto, aunque antes pensó en convertirse en sacerdote. Su historial académico lo hizo inclinarse por ingeniería sanitaria en la Universidad del Valle, institución de la que más adelante sería profesor. En la Universidad conocería su primer amor, Amparo Erazo con quien tendría a su primer hijo.

Por esos tiempos ya era parte del Movimiento 19 de Abril y poco a poco se iría involucrando más y más con la organización. Llegó a comandar grupos enteros que la mayor parte del tiempo se dedicaban a huir de las fuerzas militares monte adentro. La guerra nunca le fue de agrado, el terror de los enfrentamientos lo paralizaba. De la guerra le quedó la paz, recuerdos crudos y la memoria de sus compañeros asesinados, pues “Uno nunca se acostumbra a la muerte”.

Por el año de 1984 en medio de las primeras conversaciones de paz con el Estado conoció a Laura Restrepo, quien robaría su corazón durante más de tres años, un amor de esos intensos que se dan en medio de la adversidad pero tan fugaces como la adversidad misma. Ella fue la persona que estuvo a su lado cuando en 1985 sufrió el atentado, estuvo con él en México y después en Cuba, acompañando su recuperación. Por ese tiempo las primeras conversaciones de paz con el gobierno fracasaron, sin embargo, afirma con la convicción de la experiencia que la mejor decisión tomada por el M-19 fue dejar las armas y firmar la paz el 9 de Marzo de 1990. Si alguna vez se alzó en armas fue porque creyó en su momento que era lo mejor para Colombia, cuando dejó atrás la guerra fue porque entendió que el camino se construye hombro a hombro con la gente, no a las malas.

Desde el comienzo de su vida pública el camino fue claro: trabajo duro con la gente. Y esa fue, ha sido, y será su consigna porque no hay otra forma. Por eso cuando asesinaron a Carlos Pizarro y se iba armando la revuelta, honró el compromiso de paz del M-19 y declaró: “Vamos a enterrar a Carlos en Paz”, calmando los ánimos y truncando lo que pudo ser otro levantamiento armado que sin duda costaría sufrimiento y terror para sus compatriotas. Decidió entonces pelear por los colombianos desde la tempestad de la política.

Primero fue Ministro de salud durante un corto tiempo, pues renunció para asumir un reto más grande: ser parte de la  Asamblea Nacional Constituyente de 1991, de la cual fue presidente junto a Álvaro Gómez Hurtado y Horacio Serpa Uribe. Para 1994, a mediados de noviembre decidió casarse con Marcela Bustamante de quien se separaría más adelante y con quién tendría dos hijos: Gabriel y Alejandro.

Se arriesgó y volvió a Pasto, la ciudad que lo vio nacer, para pelear por la alcaldía, elección que ganó cómodamente (1995-1997). Siempre ha sido un convencido de que el trabajo fuerte puede anular uno de los males más grandes del país: la corrupción, y por esto decidió implementar el modelo de presupuestos participativos por medio de los cabildos abiertos, un mecanismo de participación ciudadana donde básicamente la ciudadanía es la que decide lo que se hace con el presupuesto local. Por esta razón llegó a ganar el premio “Al Mejor Alcalde de Colombia” y en sus propias palabras: “… yo hice más cosas por la gente pobre en tres años como alcalde de Pasto que en dieciséis años en la guerrilla”. Después, ese mismo año (1998) se lanzó a la Cámara de Representantes, sacando la votación más alta del país, pero no decidió parar allí.

En el 2002 se lanzó por primera vez al senado, sacando la segunda mejor votación. Continuó por la presidencia de 2005, la cual perdió. Pero con determinación siguió adelante y se arriesgó por la Gobernación de Nariño, una tierra que le confirmó gratamente el valor de escuchar a las personas, de empoderarlas. Así, integró a la población en programas que la favorecieron social, estructural y económicamente a partir de alianzas con el sector privado y el compromiso ciudadano.

 

Su gestión fue tan buena que aún, al día de hoy, la estima que sienten en el departamento por él es tremenda,  “Por eso es que, cuando me dicen cómo sería un gobierno mío, contesto: <<Pregúntele a los pastusos>>”.

Inmediatamente después entró a ser Secretario de Gobierno de Gustavo Petro, cargo al que renunciaría más adelante para luego sentarse a negociar con el Partido Progresistas, el Partido Verde y Compromiso Ciudadano por la creación del Partido Alianza Verde, movimiento por el cual se lanzaría como candidato al Senado, cargo que ocupa actualmente. Para el año 2015 tendría lugar un triste episodio que marcaría su vida: la pérdida de su hijo Gabriel, a quien recuerda con el amor que solo un padre conoce y cuya memoria le permite seguir delante de la mano de su hijo menor Alejandro.

Las dificultades y tropiezos en su vida le han permitido dibujar la marca de un hombre que ha estado dispuesto a hacer sacrificios por su nación. Su vida misma es la muestra de que las ganas, la felicidad  y la esperanza son el insumo necesario para sortear las adversidades, para pararse y seguir caminando. El trabajo con la gente es la inspiración al momento de sortear las turbulencias de la política colombiana. Ayudar a sus compatriotas a salir adelante, tal y como él lo ha sabido hacer siempre, es el objetivo esencial. Su estilo de gobierno es pragmático, serio y transparente porque sabe que con el erario público no se juega. Aun así tiene fama de dicharachero pues cuando se trabaja de la mano con el pueblo colombiano es inevitable prenderse de la alegría, el entusiasmo y el optimismo.

Es por esto que a pesar de conocer de primera mano todo de lo que adolece la sociedad colombiana se puede ver en sus ojos las ganas y la determinación de hacer frente a lo que sea. Ha pasado por un gran número de cargos públicos, algunos de elección popular, otros no y su marca siempre ha sido la rectitud, pues la nación necesita es gente capacitada haciendo lo correcto, necesita gente enamorada de la fortaleza del pueblo colombiano, necesita personas que sepan, como él, que siempre es un buen momento para levantar la cabeza, sacudirse y seguir caminando.